La mujer escribe y eso es lo que importa










21 de octubre de 2017

Eliana Sol Cossy, Un poema para que aparezcas (+1)

Ilustración de Nico



UN POEMA PARA QUE APAREZCAS

¿Dónde está el Brujo?
¿Se quedo durmiendo entre los pinos que bordean el cerro?
¿Juntando hongos en la lomada que está detrás de la casa de Amelia?
No teníamos ventana en ese lugar
había fogón,
y estábamos un poco de prestado 
/para mi.
Para él todo era nuestro 
o de nadie.
Yo camino como si pidiera permiso,
él camina como si el dueño nos debiera algo.
Yo no creo en la magia, ni en los astros.
Casi que no creemos en nada
pero a destiempo del otro.
Casi que somos planos anómalos para los entendimientos cotidianos,
casi que dije te quiero sin querer
/porque conozco las diferencias,
y te veo entrar,
y me acurruco en tu brazo con un mapa,
si funcionó de excusa una vez, seguro funciona otra,
y otra.
Tomo el mapa para buscarte, brujo,
en qué camino andarás cortando manzanas para mi,
que le tengo miedo a la noche cuando cae sin luces permitidas,
y me apuro por miedo al tiempo que se pierde, y vos te parás para girar a la luna.
Ahora cierro los ojos y te veo bajando a oscuras el cerro,
mirando con tranquilidad mi impaciencia, contemplando con ternura mi temor a la oscuridad.
Dijeron de vos tanto de todo, 
No hablaron de tu ternura.
Yo quiero tu voz para que no sea verdad, para poder seguir creyendo,
porque sino volvés, 
sino volvés perdí y tenías razón,
si no volvés y yo vuelvo,
ya no voy a poder creer en nada.
La academia y mis dioses, las ciencias y sus aparadores, los congresos con sus certificados,
Las proclamas&los santos
van a humedecerse,
se van a despintar las paredes,
las caras van a ser iguales/repetidas/mentirosas/de crepe y engrudo.
Si no volvés voy a tener que creer
en las pintadas anónimas, en la poesía. 
Porque si la poesía no sirve para gritar que aparezcas,
a esa poesía la rompemos a patadas
y hacemos una nueva que te encuentre,
y construya puertos para tu abrazo tibio.
Si no volvés,
Y no fanfarroneas tus ojos,
y tus consejos sobre las plantas al costado del camino,
voy a tener que creer en hadas y brujos de cuentos libertarios.





Ilustración de Tute



Segundo poema para que aparezcas
en esta plaza,
para todas las plazas.
Contra el silencio de los desentendidos 
/cotidianos,
que te esconden.

Entraron a patadas,
tenían las armas,
nosotros una biblioteca en el fondo,
una huerta recién cortada de zukinis.*
Ahora,
angustia anudada que nos junta el cuerpo.
Éramos muchos un día, 
agarrada de tu mano,
me daba un espacio en esa casa.

Quiero decir tantas cosas, 
hablar por ejemplo de Facundo que está preso,
no supieron decir bien porque los diarios que leí.
A la tierra le falta el Lonko,
a nosotros vos.

No sabemos explicar que te extrañamos,
así que decimos
vos nos faltás.

Ellos te tienen, 
pero juegan a buscarte donde éramos anónimos
pobres,
juntos 
y felices.
Podíamos correr en la calle
y éramos invisibles.

Hablan de vos en partes
te pienso y quiero preguntarles,
¿cómo se puede despegar un cuerpo
de su calor?
¿Dónde estás Brujo?
dónde te escondieron de estas palabras aburridas, 
veo tu foto y aparecés en un abrazo
en ese lago frío.
Qué inmensa la fiebre que te retiene,
¿Dónde estás Brujo? 
¿Dónde te pusieron lejos?
¿Dónde te lastimaron,
fuera de mis manos que te preparaban un té?

No sé si somos o fuimos una historia de cuento.
Coincidimos en desertar de la eternidad,
contamos noches con amaneceres
para arrancarle algo de resistencia a este mundo,
era despertarnos riendo, desayunando mermelada de membrillo. **
Verte quieto al borde de la ruta,
colgando el tiempo que no aprendiste a contar.
Yo ocupada por los horarios, la oficina de turismo,
vos insistente en las piedras que arman la pre cordillera.

¿Sabrán los que te retienen, que me tienen, 
y mis manos, 
y algún sueño,
ahí,
agarrado a vos,

¿Sabrán 
que te habitamos?

*12 de agosto efectivos de la Policía Federal allanaron la Biblioteca del Río, ubicada en el barrio Los Hornos de El Bolsón. Detrás de la biblioteca está la casa donde se alojaba Santiago Maldonado antes de partir hacia la comunidad Lof Cushamen, donde fue visto por última vez tras la represión de la Gendarmería el 1 de agosto.
** Era temporada de recolección de membrillos en el Bolsón.




Eliana Sol Cossy
(Tortuguitas, Buenos Aires, 1988)
ESTUDIANTE DE ANTROPOLOGÍA/POETA
una nota en: TIEMPO DE TORTUGUITAS
para leer más en: POETAS SIGLO XXI
su FACEBOOK

19 de octubre de 2017

Elisa Díaz Castelo, 3 poemas 3


Fotografía de Anka Zhuravleva




GAVIOTAS SOBRE EL HUDSON

Pienso en sus huesos,
                                    huecos
como iglesias blancas,
          esas casas de viento
                  donde se columpia
el eco de las voces.

         Adentro
también el cielo, oblicuo,
         abismado en su encierro.
Se desgrana el aire,
         tiembla el espacio atenazado.
                   Adentro,
también,
                   hay solamente esto:

         una espera rotunda a que los límites quiebren,
         se desintegre el hueso

y quede, solo, 

         el aire contra el aire.

extraído de: LOS BÁRBAROS febrero 2015



Café Tortoni, Ciudad de Buenos Aires



EN UN CAFÉ DE BUENOS AIRES, MI AMIGA DIVORCIADA
ME ENSEÑA UNA FOTO DE SU BODA

No la conocía entonces y aun así,
en la foto, se parece más a sí misma
que la mujer sentada a mi lado.
Míranos, me dice, con su cara ajena,
con sus otras manos, con sus ojos
de asfalto llovido y hambre a medianoche.
En la foto bailan los novios
y afuera estamos ella y yo solas, platicando.

La tristeza de los otros es una ciudad desconocida,
calles y calles que no sabes a dónde llevan,
casas demolidas, edificios de vidrio, mascarones
y techos con goteras y pasillos
de madera combada. Podemos imaginar
tan poco. Apenas unos segundos
se mantiene vigente la trivial fantasía
de haber nacido ahí y saber de memoria
el tedio de la calle principal, rutas del colectivo,
cada parada del metro. Pero es casi imposible
imaginar la costumbre. El recuerdo más triste
es sólo una estación del pensamiento,
ese mirar sin sorpresa el teatro en ruinas,
la parada en Congreso, la espera subterránea,
tantas veces visto, todo
tan rutina. Hasta que pierde filo
incluso lo más triste
y se cambia el dolor por otra cosa más tibia.

En la mesa de enfrente
una pareja de viejos come sin mirarse.
Es silencio. Es el ritual antiguo
que los convoca a morir de a poco,
cara a cara. Quizás un día
te despiertas y has olvidado
los pasos descalzos de tu amante
en la madera rubia de tu primera casa.
Ahora se hace de noche,
la ciudad se cierra sobre nuestras palabras.
Los viejos se levantan, el lugar se vacía.
Al fondo escucho un tango y no recuerdo
su nombre. De pronto me parece que esta tarde
también quedó muy lejos, que ya estamos
muy lejos también de Buenos Aires.

extraído de: TIERRA ADENTRO




Fotografía de Brooke Shaden



TEORÍA DEL GRAN IMPACTO

Mi cuerpo es un extremo del tuyo.
El instante rojo de mi nacimiento, el puñal

de la sangre, el gozo o el grito, el cuerpo
que se vacía, la placenta que conjuga

el rojo con la sombra. Es preciso reconocerlo:
dos cuerpos que fueron uno solo

no pueden tener un origen pacífico.
No pueden permanecer intactos.

Por ejemplo, la luna, que miramos
sin miramientos, desvestida:

te pregunté hace años cómo se había formado
y me dijiste que la Tierra atrapó en su gravedad

a ese cuerpo blanco y le dio un trayecto
y un destino. No es cierto. Mírala,

anónima y endeble, dada a romperse,
empotrada en la noche, vela

desde tu casa de ladrillos y yo
desde mi azotea, más lejana que nunca.

Somos demasiado parecidas.
Lo cual se explica a partir de un tercero

en discordia: un planeta errante, desvirtuado
de órbitas, chocó con el nuestro y se hizo añicos

en una colisión brutal que ya había olvidado
en el universo. De lo que perdió la Tierra

despedazada, carente de redondez,
se formó la luna, hecha de pedacería,

desbastada por giros y acrobacias.
Y las dos se sostienen, sin coincidir nunca,

apenas consonantes, apresadas
a una distancia por el abrazo

ambiguo de las órbitas, por una gravedad
mediana, diametral. Así nosotras

en las noches, nos hablamos
nuestras voces se tocan y se envuelven

en el cobre. Una será siempre
el centro de la otra, las dos

perfectas en su circunferencia
pero ausentes de sí mismas.

En nuestra piel se reparten tus células
y lo que me has heredado

aunque sea luminoso, me consume.

extraído de: ESTE PAÍS
leído en el facebook de ROBIN MYERS







Elisa Díaz Castelo
(México DF, México, 1986)
POETA/TRADUCTORA
para leer más en: FUNDACIÓN PARA LAS LETRAS MEXICANAS
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